"En un carro y en un trono,[...] iba caminando la Espera, por los
espaciosos campos del Tiempo, al palacio de la Ocasión.
Procedía con majestuosa pausa [...] y sobre todo ( con) un corazón de un mar, donde
quepan las avenidas de pasiones y donde se contengan las más furiosas
tempestades, sin dar bramidos, sin romper sus olas, sin arrojar espumas, sin
traspasar ni un punto los límites de la razón[...].
Conducía la Prudencia el grave séquito[...]. Era en esto muy tarde, cuando vivamente les comenzó a tocar
arma un furioso escuadrón de monstruos, que lo es todo extremo de pasión: el
indiscreto Empeño, la Aceleración imprudente, la necia Facilidad y el vulgar
Atropellamiento, la Inconsideración, la Prisa y el Ahogo, toda gente del
vulgacho de la Imprudencia.
Conoció su gran riesgo la Espera, por no llevar armas
ofensivas[...]que es munición vedada en su milicia[...]
Mandó hacer alto a la Detención y ordenó a la Disimulación
que los entretuviese mientras consultaba lo que había de hacerse[...]
[...]el gran triunfador de reyes, [...] aconsejó
que, si quería vencer, pelease a su modo; esto es, que esgrimiese la muleta del
Tiempo, mucho más obradora que la acerada clava de Hércules. Ejecutolo tan
felizmente, que pudo, al final, frustrar el ímpetu y enfrentar con orgullo a
aquellas más furias que la infernales; y quedó victoriosa, repitiendo:
<< el tiempo y yo a otros dos>>[...].
Baltasar
Gracián. El discreto