domingo, 1 de marzo de 2015

La Espera



"En un carro y en un trono,[...] iba caminando la Espera, por los espaciosos campos del Tiempo, al palacio de la Ocasión.

Procedía con majestuosa pausa [...] y sobre todo ( con) un corazón de un mar, donde quepan las avenidas de pasiones y donde se contengan las más furiosas tempestades, sin dar bramidos, sin romper sus olas, sin arrojar espumas, sin traspasar ni un punto los límites de la razón[...].

Conducía la Prudencia el grave séquito[...]. Era en esto muy tarde, cuando vivamente les comenzó a tocar arma un furioso escuadrón de monstruos, que lo es todo extremo de pasión: el indiscreto Empeño, la Aceleración imprudente, la necia Facilidad y el vulgar Atropellamiento, la Inconsideración, la Prisa y el Ahogo, toda gente del vulgacho de la Imprudencia.

Conoció su gran riesgo la Espera, por no llevar armas ofensivas[...]que es munición vedada en su milicia[...]

Mandó hacer alto a la Detención y ordenó a la Disimulación que los entretuviese mientras consultaba lo que había de hacerse[...]

[...]el gran triunfador de reyes, [...]  aconsejó que, si quería vencer, pelease a su modo; esto es, que esgrimiese la muleta del Tiempo, mucho más obradora que la acerada clava de Hércules. Ejecutolo tan felizmente, que pudo, al final, frustrar el ímpetu y enfrentar con orgullo a aquellas más furias que la infernales; y quedó victoriosa, repitiendo: << el tiempo y yo a otros dos>>[...].


 Baltasar Gracián. El discreto

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